jueves, 30 de enero de 2014

YO... ME PERDÍ (Quinta parte de la saga “USTED”)





Yo decidí vivir aventuras, conocer el sabor del deseo y cabalgar sobre lomos desconocidos.
Me dediqué a probar todo aquello que jamás antes había probado.

Me moría de ganas por mostrarle a mi cuerpo que mis primaveras seguían floreciendo y que la juventud que en tantas ocasiones había pasado de largo, la juventud, continuaba latente en mi pecho. Ahora incluso, con más intensidad.
Y en cada mirada, en cada suspiro, en cada dormitar sobre lechos extraños… en cada uno de ellos, usted y su recuerdo.
Porque, aunque sabía que jamás volvería a amarle como cuando soñábamos con soñarnos cada día, no podía borrar su recuerdo por completo.
Pero decidí continuar mis andanzas por los subsuelos. Porque deseaba sentirme viva en cada amanecer y saber que estaba aprovechando mi vida al máximo, saboreándola, robándole todo cuanto ella me había robado antes.

Me perdí. Sé que me perdí. Tan intensamente deseé experimentar sobre mi piel, que fue mi propia piel quien me alertó de que no estaba viviendo, sino perdiendo la vida.
Pensaba que llenando mi alcoba podría llenar el vacío que usted dejó. Pero no fue así.
Por eso ahora he cambiado. Por eso siento que ya no debo seguir así, no debo buscar el amor en cada noche furtiva, ni en cada suspiro arrancado. Porque el amor que yo deseo, no entiende de cuerpos ni gemidos.
Y por esa razón he decidido que mi cuerpo es mi templo más sagrado. Y que, a partir de ahora, nadie más lo profanará.

Hoy yo me he moderado, he frenado esos impulsos que, con tanta frecuencia, me llevaban a dormitar bajo sábanas extrañas.
Y poco a poco he vuelto a sentir la libertad de decidir. He vuelto a recobrar el sentido y me he hallado a mí misma. He vuelto a mi esencia. Esa esencia que me permite vivir amando la soledad. La misma que un día compartí con usted. La que perdí cuando yo misma me perdí.
Sí. He vuelto a estar viva, feliz, escandalosamente libre y sin ninguna pretensión. Y he comprendido que no necesito a nadie, porque me siento sumida en una paz abrumadora, indescriptible, única… una paz de la que ya me había olvidado. Por fin me vuelvo a sentir completa. Y es que me he dado cuenta de que la felicidad que yo buscaba, siempre ha estado en mi interior.

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